Te me escapas,
huyes,
te escondes entre la maleza
que abruma el claro de Luna
cuyo haz tus ojos reflejan.
Y el Niágara del que estragan
los nubarrones pincelados
con azules fuego,
empequeñecen la razón
de los gestos grotescos
en la gruta que mis labios
describen,
en el rocoso páramo
que algunos llaman tu boca.