Desacompasada la voz
del pasado,
se mezcla, triste e
ingenua,
con el Mi bemol del discordante
acordeón.
Et j’entends...
Y lloro el viento,
y sangro el roce de mis
ojos
con el agua salada.
Y actúo en pos de una
vida
donde los cantos de
gaviota
no sean nada.
Y me niego,
y huelo a mar,
y lloro el viento,
y sangro el roce de mis
ojos
con la mar salada.